miércoles, septiembre 21, 2016

Un “continente” de basura


Hay quien se refiere a esto como un sexto continente debido a su extensión; por mi parte, considero que es una terminología errónea técnicamente hablando. Aun pretendiendo, con acierto, hacer hincapié en el alarmante problema que supone la existencia de una masa inmensa de basura flotando en el mar, encerrada entre las corrientes que a nuestros ancestros les permitió viajar desde México a Filipinas y regresar a América, el giro oceánico del Pacífico Norte, resulta descabellado y hasta absurdo.

Más correctos resultarían otros términos como Gran isla basura, Gran parche de basura del Pacífico o Gran sopa de plástico para denominar a este vertedero marítimo que pesaba, ya en 2012, unas 3,5 millones de toneladas y que ha llegado a ocupar una extensión de 3,4 millones de kilómetros cuadrados. Traduciendo: podríamos enterrar a España en basura con siete capas de este insalubre caldo.

El giro en el sentido de las agujas del reloj de las corrientes en el Pacífico Norte atrapa en su interior la basura que ha sido arrojada al mar desde las costas oeste norteamericana y este asiática, focalizando en el área “tranquila” del océano dos remolinos gemelos (que no uno) compuestos por bolsas de plástico, envoltorios, botellas, boyas, redes de pesca, bombillas, chapas y otros objetos minúsculos y ligeros que consumimos sin medida y que no dudamos en desechar por donde sea.

Y los efectos sobre las criaturas que tratan de medrar en el Pacífico son incuestionables, pues la descomposición lenta de los productos que integran la masa está emitiendo toxinas a las aguas y muchos animales complejos los confunden con alimento (bolsas de plástico con gelatinosas medusas), uniéndose una mayor toxicidad a la cadena trófica.

Hacia 1985, mucho antes de que se constatara la realidad, se presentaron diversos trabajos advirtiendo de la posible formación de una megaisla flotante compuesta por basura, siendo la actividad humana la única responsable de la misma (sobre todo debido a la desidia en relación al tratamiento de residuos, que comienza con la acción de cada uno de nosotros, en casa), calculándose que los objetos tardaban en quedar atrapados por el giro tan solo 5 años después de ser arrojados a las aguas y que el 80% de la basura que nutre al “continente” procede de las zonas terrestres, mientras que el porcentaje restante procede de la navegación.


Menos conocida, pero, no por ello, menos importante, es la que se haya en el Atlántico, descubierta en 2009, y que “navega” sumergida a 30 metros de profundidad y que sigue creciendo en el giro oceánico del Atlántico Norte.

¿Seremos capaces de poner freno a dichas “sopas” cuando vivimos en un mundo plastificado y absorto en la brillantez de la inmediatez más superficial? ¿Te preocupas de recoger, acaso, el envoltorio que se te acaba de caer al suelo y echarlo al contenedor amarillo?

Lectura de 21 de Septiemrbre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 756 (Variable). Estratos
  • Termómetro: 20º
  • Higrómetro: 44%

martes, septiembre 20, 2016

Guardia de literatura: reseña a «Los hijos del senador», de Olga Romay

EDICIONES B SA. Barcelona
Primera edición: Junio 2016
ISBNE 978-84-666-5940-6
691 páginas
Olga Romay comparte generosamente sus amplísimos conocimientos acerca de la vida romana durante el s. I a. de C.; no hay detalle doméstico, militar, político, ritual, comercial… que se le pase por alto y no lo mencione en una visita guiada de excepción por Roma y sus rincones más brillantes y sórdidos

Si cometemos la insensatez de mezclar juventud, hormonas desatadas y ausencia de control paterno, todo ello en dosis desproporcionadas, el cóctel resultante ha de denominarse, a la fuerza, Desastre Asegurado, pero si a éste le sumamos una guerra civil encabezada por Pompeyo y Julio César, la cosa se pone más peliaguda aún si cabe para unos protagonistas que no tardarán en meterse de cabeza en alcobas ajenas y en buscarse enemigos excesivamente poderosos.

Cuando la tensión estalla en el Senado de Roma, el patricio Servilio, que hasta entonces nunca había dado el brazo a torcer a favor de ninguna causa y partido, se verá en la urgencia de unirse a uno de los dos bandos que arrastrarán a la República al foso inmundo de un conflicto fratricida. Servilio opta por el mal menor y presta su habilidad y armas a Pompeyo, no sin antes haber reclamado la patria potestad de los cinco hijos que ha tenido con cinco mujeres diferentes y cobijarlos en su villa de Campania, donde cree que estarán a salvo de los fuegos y la rapiña (pensamiento un tanto desacertado del que podría dar buena cuenta la esclava Brisélida).

Servilio marcha con los ejércitos pompeyanos y deja a sus hijos en el campo, donde pronto se aburrirán como ostras de Arcade y regresarán a la Ciudad Eterna, desoyendo todos los consejos en contra. Así darán comienzo a sus aventuras y desventuras que los llevará a recorrer toda Roma, desde el templo de Júpiter capitolino hasta la Cloaca Máxima, encaminando sus pasos hacia todos los puntos cardinales, sin que ello sea obstáculo para tratar de salvar a su padre de una muerte vaticinada años atrás.

Con esta descomunal novela de 691 páginas, su autora, Olga Romay, da muestra sobresaliente de sus conocimientos acerca de la vida romana durante el s. I a. de C.; no hay detalle doméstico, militar, político, ritual, comercial… que se le pase por alto y no lo mencione en una visita guiada de excepción por Roma y sus rincones más brillantes y sórdidos.

La lectura es cómoda pues la autora cuenta con excelentes herramientas como narradora, no se pierde en vías muertas para que brillen florituras innecesarias y escoge una narración sencilla y adornada en su justa medida; sin embargo, no se libra de ciertos puntos en negro: 

Lo primero que me ha costado digerir de la novela es su descomunal tamaño. Aún elevando mi agradecimiento por el hecho de que se haya empleado un tipo de material para su impresión que ha reducido su peso al máximo, es de incómodo manejo entre las manos (sobre todo como lectura veraniega) y, para aquellos menos aficionados a estos “tochotes”, no parece terminarse nunca por más horas que le dediques.

La existencia de descansos en los capítulos ayuda y mucho al lector poco musculado, pero ciertos episodios son de una longitud monstruosa y otros carecen de sentido más allá de la permitir un nuevo futuro para el liberto Lucio y una herida en el corazón del joven Quinto: me estoy refiriendo al capítulo y párrafos dedicado a las dos vestales Tullia y Priscila que, para mí, no aportan nada.

La visita guiada no resultó en ocasiones todo lo comprensible que se hubiera deseado. En más de una me vi en la obligación de trasegar entre aguas empantanadas debido a que el Latín del instituto —con sus lecciones antropológicas, declinaciones y la traducción de textos de Cicerón—, lo tengo un tanto oxidado.

Otro punto negro es la presentación de los sinsabores y desventuras de unos hermanos encabezados por Mario, el mayor, que resulta más propia de una sitcom, pues no salen de una para meterse en otra, necesitando siempre de la ayuda de un adulto, sin que falten sus madres de por medio.

La autora ha querido contar tantas cosas que ha tenido que recurrir constantemente a flashbacks, algunos de los cuales no encajan muy bien, como son los que surgen a medida que nos acercamos a las fases finales de la novela, en las que abunda la narración directa de hechos para “aligerar” y correr hasta Farsalia, hasta la última escena, cuya batalla resulta confusa, sobre todo para alguien no familiarizado con la misma.

Para terminar esta lista de “pecas” del libro, se ha abusado del fuego con los hijos de Servilio y de las tretas y engaños que, aunque nada se diga al respecto, poca o ninguna gracia deben haber causado en personajes como Longino, Octavio y Marco Antonio, sobre todo cuando toda la ciudad descubre el pastel: uno ha perdido esposa y reputación, otro la posibilidad de vengarse y el de más allá una magnífica propiedad adquirida por cuatro perras.

Todos estos detalles envuelven con niebla el quizá edulcorado final.

Aún así, «Los hijos del senador» es una obra digna, bien escrita y pasional, no debemos olvidarlo; y es de reconocimiento y aplauso el que Olga Romay nos haya ofrecido el cofre del tesoro de la vida romana, conduciéndonos junto a sus personajes y por entre las estrechas calles de Roma, permitiéndonos observar a hombres y mujeres a través de los ojos de los silentes seres mitológicos que pueblan estatuas, frescos y mosaicos.

Lectura de 20 de Septiembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 756,5 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 19.5º
  • Higrómetro: 44%

lunes, septiembre 19, 2016

Lectura de 19 de Septiembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 758 (Variable). Estelas de vapor. 
  • Termómetro: 19º
  • Higrómetro: 44%

19 de Septiembre de 2016



jueves, septiembre 15, 2016

«Moonage Daydream»,



Tercer track de «The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars» (1973)

I'm an alligator, I'm a mama-papa coming for you
I'm the space invader, I'll be a rock 'n' rollin' bitch for you
Keep your mouth shut, 
you're squawking like a pink monkey bird
And I'm busting up my brains for the words

Keep your 'lectric eye on me babe
Put your ray gun to my head
Press your space face close to mine, love

Freak out in a moonage daydream oh yeah!

Don't fake it baby, lay the real thing on me
The church of man, love
Is such a holy place to be
Make me baby, make me know you really care

Make me jump into the air

Keep your 'lectric eye on me babe
Put your ray gun to my head
Press your space face close to mine, love
Freak out in a moonage daydream oh yeah! 

Freak out, far out, in out

Lectura de 15 de Septiembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 753,5 (Variable). Encapotado. 
  • Termómetro: 19º
  • Higrómetro: 42%

miércoles, septiembre 14, 2016

Visita al Arsenal de Ferrol





Las F-102 y 103



Imposible no seguir con la mirada al R-11

La impresionante Sala de Armas

















Última línea de artillería en caso de ataque












En su día, este dique diseñado por Sánchez Bort fue el más grande del mundo.
Aún hoy sigue en uso en el Arsenal para las unidades más pequeñas





Este cañón en lo último que se ve al salir por la otra puerta del Arsenal,
destacando en su superficie (si no me equivoco) un águila bicéfala rusa